domingo, 6 de marzo de 2011

En un Unico repleto de Triperos, y sin Verón, Estudiantes volvió a rugir en el derby


Le puso mute al embale del Lobo, que ni con Guillermo pudo, y volvió a hundirse.

Ni la estruendosa silbatina que acogió la salida del equipo. Ni la gallina que, cuentan en City Bell, apareció muerta de roja y blanco, con el 11 de Verón, en la puerta del country. Ni la incesante, tramposa, provocadora, baqueteada boquilla de Guillermo. Ni el calor de 35.000 fanáticos de la contra al palo por la esperanza remasterizada. Ni la ausencia de la Bruja, quien ni siquiera alentó en el vestuario, y apenas pasó a saludar al plantel por la concentración un par de horas antes de uno de los duelos de barrio más grandes del mundo. Ni la opinada semana previa al derby, en la que las apuestas de café hicieron una excepción exitista, para darle al Lobo el mote de banca. Ni un planteo conservador de su nuevo DT. Nada intimida al Pincha. Nada frena al Pincha. Nada. Al menos frente a Gimnasia. Un clásico que hace varios años ya se convirtió en un clásico para el León: ganar.

Y así y todo, pese a la cotidianeidad, rugen sus hinchas, ausentes ayer en el Unico, pero festejan desaforados bajo las pantallas gigantes desperdigadas en La Plata, o en esquinas aledañas al estadio atestado de la contra. Y, hasta en el mismísimo Unico, corajudos inconscientes degluten el sabroso zapatazo de la Gata, y la mano de Masuero, y todavía hoy, con un palmarés incomparable, con un historial favorable y una racha contundente, que incluye goleadas humillantes como el 7-0, lo celebran tanto como ganarle al Manchester la final de la Intercontinental, porque el nuevo hito de este grupo de jugadores merece chapeau. Porque, encima, esta vez fueron héroes del silencio, apretándole el mute al efímero entusiasmo del Lobo, hoy nuevamente sumido en la depresión de ver las fechas correr y la posibilidad de descender cada vez más cuco. Y de acallar, de yapa, la labia de Cappa por un rato, porque ayer Angelito también perdió un puchito del partido (y de sus principios) al sacar a Neira, su máximo referente de tiki-tiki, en vez de buscar la epopeya sacrificando a un defensor con el 0-1 cada vez más irremontable. Ese cambio también lo festejaron los de Estudiantes.

Tras el doble handicap obsequiado por Leandro González, sin inspiración para apuntar otro flor de score a la historia, y una victoria cimentada en el oficio y la camiseta más que en una performance memorable, la ronda salta igual en mitad de cancha, inmersa en la indiferencia. Nadie acompaña los hits ajenísimos; más bien los sufren. La multitud de Gimnasia escapa como puede de esa foto, un capítulo más de una serie de terror, putea pues una porción, otra busca la introspección, pero hay un grupo que aplaude, o alienta, no todo está perdido al fin y al cabo, aunque el futuro de uno y otro, de Estudiantes y Gimnasia, pareciera haber llegado hace rato...

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